Marketing es postura, no metrónomo del algoritmo
La ansiedad del feed

El mito de que más piezas equivalen a más presencia ha erigido una fábrica de ruido que confunde actividad con sentido. El feed, convertido en metrónomo del pánico, impone ritmos ajenos a la identidad de las marcas y a la inteligencia de las audiencias. Este texto no ofrece tácticas; propone una lectura política: el marketing como postura, no como metralla de contenido.
Marketing es postura, no metralla de contenido
El marketing no es una cadena de montaje ni un conjunto de formatos; es una toma de posición sobre cómo una organización quiere existir en el mundo. Implica un criterio que ordena lo que se dice, pero sobre todo lo que se decide no decir. En ese sentido, es una decisión cultural y política, una ética pública que expone valores, alianzas y conflictos aceptables.
Mientras la industria se entretiene contando piezas, las marcas que entienden el marketing como postura trabajan con la densidad del significado. Relevancia no es cobertura, es conflicto bien asumido; no se logra por acumulación sino por claridad de intención. La postura no necesita gritar para estar: su potencia está en la coherencia, incluso en el silencio cuando la maquinaria del día exige otra cosa.
Para agencias que no quieren pertenecer al coro dominante, el desafío es renunciar al rol de fábricas de contenido y asumir el de editores de sentido. Editar es recortar, jerarquizar, sostener una mirada en el tiempo. La postura, así, deja de ser un claim y se vuelve infraestructura: organiza decisiones, conversaciones internas y la posibilidad de decir “no” a la lógica automática del feed.
Cuando el exceso de posts es solo ansiedad estratégica
El frenesí de publicación rara vez es una estrategia; suele ser el síntoma. Cuando una organización teme desaparecer del radar, la operación refleja es llenar la parrilla, como si el algoritmo fuese un dios hambriento que exige sacrificios diarios. El resultado es una respiración asistida de la marca: mucha actividad, poco pulso propio.
Culturalmente, el sobreposteo revela una moral de la productividad aplicada a la comunicación: si se ve trabajo, hay progreso; si hay gráficos ascendentes, hay dirección. Pero lo que se infla en el feed muchas veces se derrumba en el sentido: mensajes sin conflicto, causas adoptadas en serie, un relato sin columna vertebral. El volumen opera como tapón que evita preguntas incómodas sobre producto, propósito o política interna.
La ansiedad estratégica también delata obediencia: la marca deja que la métrica administre su identidad. Allí es donde el marketing como postura se vuelve acto de desobediencia civil: sostener un ritmo propio, aceptar el vacío entre mensajes, permitir que una idea madure antes de buscar su réplica en carrusel. No es una técnica, es una ética de la atención que reconoce que la presencia se construye con criterio y no con metralla.
El feed convirtió la comunicación en un conteo diario de pulsaciones, y demasiadas marcas aceptaron la lógica del desfibrilador: más shocks, más vida. Pero la vitalidad no viene de la frecuencia sino del sentido que se defiende. Si el marketing es postura, la tarea de agencias y marcas no es publicar más, sino atreverse a existir con una voz que se deba a algo más que al algoritmo. En tiempos de ansiedad cuantitativa, la coherencia es el gesto verdaderamente subversivo.
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